Patricia Alba

Camino a Rila

I

Entonces el camino me recibió
Como los miembros de un cuerpo exhausto,
Derrumbado,
Cada pliegue de la ruta parecíame un hallazgo

Sobre moles que asemejaban monstruosos antediluvianos
Crucé bosques y neblina, presagios
Y el canto de algún pájaro sin frío.

El viento atrevesaba malos
Y buenos pensamientos
La autopista bifurcándose negra
Como la línea de la vida en una mano enferma

Enceguecida por recuerdos
("Camino ten piedad del viajero cuya pena mella las montañas")
Versos mal citados, lluvia
O rabia que siempre empieza con dolor,

El agua golpeándome la cara
Rompió en añicos esta imagen;

Ahí, en el Monasterio de Rila,
Desde una puerta suspendida entre senderos
Y palabras imposibles, Ella habló:
Lo oculto y lo no dicho
Lo visto y lo nombrado

Ya nada podrá calmar este silencio.


II

Entonces supe dónde me esperabas
Y estando frente a ti,
De pie pero en silencio,
Acerqué mi vela a las otras peticiones
Y tuve el fuego
Y sin despegar mis ojos de tus ojos, pedí por él:
(Que Antonio alcance ahora y no despúes
La helada paz de estas montañas)
Y cayeron de mi vela dos lágrimas de leche,
Y en cada una vi el llanto de estos años
El alimento derramado.


III

He viajado
He transitado subida en mí, sentada en mí
Un cúmulo de años sanos y podridos
Como un atado de túberculos antiguos aún bajo la tierra.
He caminado para encontrar tu Puerta
He sentido el trueno sobre mí y lo he temido,
Deambulé en tus sombríos donde los viejos trabajan sin hablar
Envueltos en recuerdos
Como en el plástico que los protegía de tus lluvias.
He tenido que cerrar los ojos, he aprendido tu lección
Virgen de los Balcanes
Escucha las palabras de una muchacha que, como tú
Padeció los dolores de la Visión y se creyó perdida,
Señora de lo oscuro y lo dorado
Madre bizantina
Única en medio de estos montes y sus ruidos
Solitaria en medio de la lluvia y sus anuncios
Sola, debajo o encima de este mi cuerpo que es tuyo
Y me devora.

(de Hueso Húmero N° 30, marzo 1994)


Mi venganza, pequeño

Cuando trates de alejarte del contacto de estas partes
Retirate como se retiran las bestias asustadas: para no volver.
Desclava las manos de mi cuerpo y escucha bien
Todas mis indicaciones
Hombrecito infame.
Reconozco tu manera de durar sobre este feudo
Tu estricta manera de permanecer.
Seres más bellos
Con mil proposiciones dirán: probemos
Y yo no hallaré dónde recostar esta masa que llevo encima.
Mis manos descansarán, sí
Mis manos descansarán en las mejores bandejas del banquete
Y mi cuerpo será gozado
Trecientas veces más de lo que tú puedes
Imaginar


He ahí mi venganza, pequeño
He ahí mi goce.

(de O un cuchillo esperándome)


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